lunes, 9 de agosto de 2010

¿Una anomalía en el mercado laboral?

El otro día, y por casualidad, llegué a un interesante informe del portal Trabajando.cl sobre un Estudio del Mercado Laboral para 2009 en Chile. El siguiente cuadro me llamó poderosamente la atención;


Para un profesional TI como el que escribe no deja de llamar la atención la poca diferencia en renta promedio entre un Ingeniero de Ejecución en Computación e Informática y un Ingeniero Civil en Computación e Informática. No sólo es poca la diferencia, sino que al cabo de cinco años de ejercicio de la profesión, un Ingeniero Civil tiene una renta promedio ligeramente menor a la de un Ingeniero de Ejecución. O sea, Ch$ 1.160.784 versus Ch$ 1.177.006, es decir, Ch$ 16.222 en promedio a favor del Ingeniero de Ejecución.

En Chile los estudios de Ingeniería de Ejecución tienen por objetivo la formación de profesionales eminentemente prácticos, con una formación de 4 años, destinados a laboras de "Ejecución" es decir, lo que en inglés norteamericano se llaman doers. Por el otro lado, los estudios de Ingeniería Civil tienen por objetivo la formación de profesionales destinados a ocupar cargos de gestión y dirección en el ejercicio de la profesión. Además, los requisitos académicos y financieros de ingreso son más exigentes para las carreras de Ingeniería Civil que para las de Ingeniería en Ejecución.

La FAQ de Cpech lo explica de otra manera:


Las Ingenierías de Ejecución son carreras orientadas a una formación eminentemente práctica y ejecutiva. Usualmente, duran 8 semestres y no otorgan el Grado Académico de Licenciado.
Las Ingenierías Civiles corresponden a un periodo de 6 años de estudio ya que su estudio tiene mayor énfasis en ciencias básicas y en evaluación de proyectos puesto que su finalidad es formar profesionales capacitados para concebir, planificar, diseñar y construir obras de ingeniería; para administrar empresas y recursos y en general, para desempeñarse en cualquier gestión directiva. La Ingeniería Civil es una carrera exclusivamente universitaria y otorga el grado académico de Licenciado en Ciencias de la Ingeniería.

Entonces, por decir lo menos, estamos en presencia de una anomalía.

¿Cómo se puede explicar que el mercado laboral no valore, o valore con un sesgo ligeramente negativo, los dos años adicionales de formación de un Ingeniero Civil? No tengo mayor información sobre la metodología usada para realizar este estudio, pero a primera vista parece ser muy profesional.

¿Entonces, qué pasa aquí?

Para mi estos datos son un misterio, pero elucubrando un poco, propongo las siguientes hipótesis, y sólo como hipótesis de trabajo:
  1. La caterva de universidades chilenas, especialmente las privadas, están produciendo demasiados Ingenieros Civiles en Computación e Informática, saturando el mercado, y obligando a estos últimos a competir en el segmento de los Ingenieros de Ejecución.

  2. El programa de estudio promedio de los Ingenieros Civiles en Computación e Informática está generando profesionales no adaptados al mercado, con poca profundidad en los temas de gestión y administración por un lado, y poca capacidad técnica por el otro, resultando mediocres en ambas áreas.

  3. El otro lado de la moneda sería el buen nivel técnico de los Ingenieros de Ejecución, los cuales coparían los puestos iniciales de desarrollo o similares.

  4. Por último, es posible que los Ingenieros Civiles Industriales o Ingenieros Comerciales estén realizando el trabajo de los Ingenieros Civiles en Computación e Informática en los puestos de gestión y administración gracias a su fuerte formación en negocios.
No sé cual es la hipótesis válida, o siquiera si es una de las presentadas o una combinación de ellas. En todo caso, y sea cual sea la razón de esta anomalía, esta debe ser analizada más en profundidad, aunque sólo sea para validar los planes de estudio de las carreras de Ingeniería Civil en Computación o Informática.

lunes, 8 de marzo de 2010


Después de cada terremoto importante, en cualquier parte del mundo, suelen aparecer en los medios las siempre impactantes fotos de los daños a la infraestructura en la zona siniestrada. Podemos así ver puentes caídos, carreteras agrietadas, muelles cubiertos de barcos varados por el consabido tsunami, gruas botadas al suelo como si estuviesen hechas con piezas de Mecano, aeropuertos con terminales inutilizadas y las demás imágenes de una infraestructura de transporte dañada o directamente destruida.

Esa es la infraestructura física tan necesaria al comercio y a la actividad económica en general. La base de la economía está justamente en esa capacidad de mover los bienes producidos y los insumos necesarios a su produccion. Desde la Revolución Industrial que la infraestructura de transporte representa el cimiento de la capacidad económica de una región o un país. A tal punto que el sempiterno símbolo de la Revolución Industrial es la locomotora de ferrocarril que une las dos bases tecnológicas de dicha revolución; el dominio del acero y la máquina a vapor, episteme del control de la termodinámica.

Pero hoy, en nuestros tan globalizados días, estamos viviendo la Revolución de la Información, construida sobre nuestra capacidad de procesar información y de transportarla rápida y económicamente a grandes distancias de manera casi instantánea. Esa es la infraestructura que es vital a nuestra economía de la información actual. No es una infraestructura que reemplaze a la de la Revolución Industrial, sino una que se le superpone.

Esta es la infraestructura que nos permite realizar transferencias electrónicas de banco a banco para pagar a proveedores, mandar boletas, facturas u OC electrónicas, pagar nuestros impuestos, mandar propuestas y el sinúmero de actividades económicas que realizamos como empresas cada día.


Pero también esta es la infraestructura que nos entrega la capacidad de realizar llamadas con los teléfonos celulares, la capacidad de conectarnos a la Internet desde cualquier café, oficina o casa, la capacidad de pagar mis cuentas desde el portal segurizado y personalizado de mi banco, de comunicarme con mis familiares y amigos por SMS, llamadas telefónicas, fijas o móviles, de actualizar mi estatus en Facebook o Twitter para difundir mis estados de ánimo, de tener largas y bizantinas discusiones en foros sobre cualquier tema que me apasione y de mantener eternos intercambios epistolares (mejor llamados e-pistolares) con mis familiares, amantes y amigos surtidos de por todo el planeta.

Toda esa infraestructura es mayormente invisible. Es una infraestructura mayormente subterránea, salvo por algunas pocas antenas que están en el techo de edificios, disfrazadas de palmeras o en la punta de algún cerro colindante. Es una infraestructura que pocos han visto y de la cual la mayor parte de la gente no tiene la más mínima sospecha. Sólo para citar un ejemplo, ¿quién ha visto o se ha imaginado las salas repletas de racks de switchs de comutación y servidores en el segundo y tercer subterráneo de la Torre ENTEL? ¿O las salas o pisos completos de los Data Centers de algunos edificios del Centro de Santiago, llenos de hileras de racks de 19" de servidores, arreglos de discos y equipos de comunicación? Sólo los que trabajamos diseñando, instalando y manteniendo dicha infraestructura hemos visto el vientre de ballena de la Revolución Informática. La gente normal sólo ve las interfaces en sus teléfonos celulares y en sus laptops, y está bien así, pues esta infraestructura debe ser invisible para ser usable.

Ahora, ¿qué pasó con esta infraestructura de la información durante el terremoto? Pasó mucho y sufrió bastantes daños, pero no se vió. No se mostraron fotos en los medios ni se vieron las imágenes de los daños. Sólo pudimos darnos cuenta de que los celulares no tenían red, de que la Internet no llegaba a las casas, de que ciertos portales ya no estaban activos, de que cierto banco no pudo realizar transacciones por muchos días, y así sucesivamente. Pero no vimos las fotos de los puentes informáticos caídos, pues las empresas fueron muy celosas en esconder los daños.


¿Qué es lo que no se vió? Y que no veremos probablemente nunca...

No se vió un enlace de fibra óptica internacional hacia Argentina cortado, que dejó a algunos proveedores de acceso Internet sin acceso internacional y a varias empresas que habían externalizado servicios de Call Center en Argentina, pues, sin dicho servicio. No se vieron hileras de racks caídos como dóminos llenos de equipos Nokia porque, de manera incomprensible en un país sísmico como el nuestro, no estaban apernados al piso o al techo. No se vió un excelente Data Center, paralizado por varios días sin energía eléctrica, en donde casi todo estaba duplicado o triplicado, salvo una componente que fue justamente la que falló en uno de los clásicos actos de Murphy, cuando el estanque de diesel para los múltiples generadores de las dos salas de generadores eléctricos, se rompió y vació. No se vieron los cortes a las fibras ópticas a lo largo del país, que afectaron a los Call Centers instalados en Lota, por ejemplo. No se vieron las innumerables torres de celulares que se quedaron sin electricidad por varios días, ni a las que simplemente no pudieron dar abasto en un país en donde no es un secreto para nadie que las operadoras móviles han sobrevendido su capacidad instalada. No se vieron los arreglos de discos RAID 5 con más de dos discos aterrizados, obligando a ir a buscar el respaldo a cinta más actualizado. No se vió un robot de respaldo a cinta tirado en el suelo cuando el rack en donde estaba se cayó, desalineando los cabezales lectores. Por último, tampoco se vieron las modernas oficinas de altas torres de Santiago en donde el terremoto botó al suelo la gran mayoría de los computadores personales de escritorio, dejando a muchos de ellos fuera de servicio, obligando a las empresas a mandar a su gente a trabajar desde casa. Nada de eso se vió, ni se verá en imágenes públicas. Sólo se sintieron los efectos...

Lo mismo que con la infraestructura física, la mayor parte de la infraestructura de información resistió razonablemente bien. En algunos casos hasta resistió maravillosamente bien. Pero el problema es que debiese resistir bien siempre.

En 1960 el país sufrió el famoso Terremoto de Valdivia, con su consabido maremoto, el cual lleva la dudosa distinción de ser el más grande registrado en sismógrafos por la humanidad. La zona de desastre quedó entonces completamente devastada e incomunicada. La respuesta política la realizó el Presidente Jorge Alessandri Rodríguez quien ordenó la creación del Comité Consultor de Telecomunicaciones bajo el amparo de CORFO y de cuyos trabajos naciera en 1964 la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL) con el objetivo expreso de asegurar las comunicaciones en el país a pesar de los sempiternos desastres que la loca geografía chilena suele entregarnos. Nunca más debía una zona del país quedar incomunicada tras un desastre, natural o no. Esa fue la lección del Terremoto de 1960.


Lección que se nos olvidó como país rápidamente, pues en 1986 ENTEL fue privatizada por el gobierno militar y pasó a ser regida por imperativos de mercado más que por objetivos de resilencia de la infraestructura. Imperativos de mercado que fuerzan a reducir costos, a eliminar redundancias y a construir sistemas baratos sin la necesaria resilencia para resistir a un desastre natural como el del 27 de febrero del presente. Esto no es una crítica a las operadoras pues para ellas está claro que es más barato demorarse una semana o más en volver a poner la infraestructura en funcionamiento que construirla de tal manera de que simplemente siga operando. La crítica no es al chancho sino a quien le da el afrecho, quien en este caso, es el Estado de Chile, quien no tiene normas lo suficientemente estrictas como para asegurar que la infraestructura de información del país siga operando.

En resumen, ¿qué grandes lecciones podemos sacar del terremoto y maremoto del 27 de febrero recién pasado?

Como empresas deberemos asegurarnos de cuantificar y mitigar los riesgos operacionales que implican estos desastres en los procesos críticos de negocio, tanto en los realizados por la misma empresa como, y quizás sobretodo, en los externalizados.

Como país deberemos asegurarnos de que las normas y regulaciones del Estado para la resilencia de la Infraestructura de Información, que aseguren su continuidad operacional, existan, sean las adecuadas y se fiscalicen con esmero. Un nuevo Comité Consultor de la Infraestructura de Información sería un buen paso, sobretodo si no tiene demasiada influencia de las operadoras y demás empresas del rubro, sino que sea más influenciado por los criterios técnicos. Tal como el Estado genera normas antisísmicas para puentes y edificios, debiese hacer lo mismo con la infraestructura invisible, pero no menos crítica para el país, de la información.

jueves, 4 de marzo de 2010


Estaba escuchando con mucha tristeza la lectura realizada por el subsecretario del Interior, Patricio Rosende, del primer reporte oficial de víctimas del devastador terremoto y tsunami que afectó al país el sábado 27 de febrero recién pasado, cuando, como en un afterthought, dijo "el horario de verano se cambiará para el sábado 3 de abril".

Pensé que había escuchado mal. Pensé que habría estado dormitando y por eso no le entendí. Pensé que había sido mi error. Inmediatamente googlée la noticia, y para mi más absoluto asombro, la noticia era efectivamente cierta. Un artículo de La Nación lo indicaba de una manera muy clara; Rosende también indicó que se postergó la entrada en vigencia del horario de invierno que debía regir a partir del segundo fin de semana de marzo para el sábado 3 de abril, con el propósito de aprovechar la luz de día en las tareas de rescate.

El error no había sido mío, sino que había sido del Gobierno. Uno más de la lamentable lista...

Soy una persona muy comprensible. Puedo entender muchas cosas. Menos la ineptitud. Puedo entender que Patricio Rosende sólo sea un abogado, como la mayoría de los políticos, y que por lo tanto no entienda de temas técnicos, pero un error de este tamaño es absolutamente inentendible.

Alguien me podría explicar, por favor, ¿cómo va este cambio agregar más horas de luz al día? Porque los rescatistas realizan su muy valorado trabajo de sol a sol, sin que les importe mayormente si son las 12:00 o las 13:00 Hrs. ¿O estoy tan equivocado?

Entonces el cambio tiene un efecto nulo en las labores de rescate. Zero beneficio. ¿A qué costo?

Simplemente al costo de tener a todos los fabricantes de sistemas operativos corriendo para escribir un parche para sus sistemas operativos que codifique la nueva excepción a las reglas de cambio de hora en Chile. Además está el costo de asegurarse de que todos los computadores de Chile reciban e instalen el bendito parche a tiempo. Nótese que eso incluye a los computadores de los bancos, de los sistemas de pagos transaccionales y de la infinidad de PCs, laptops, notebooks y cuanta cosa que corra Windows, Linux o Unix en todas las empresas y organizaciones del país...

Como si no tuviésemos otras cosas que hacer en estos días. Ni me atrevo a hacer una estimación de las horas hombre país desperdiciadas en una labor de nulo beneficio.

Que un político con formación de abogado no tenga la más peregrenia idea de temas tan técnicos como el funcionamiento de la infraestructura tecnológica del país es también entendible. Pero, por suerte, para eso tenemos al bendito Comité de Ministros para el Desarrollo Digital de Chile cuya principal labor es la elaboración de la nunca tan bien ponderada Estrategia Digital Chile 2007-2012. Seguro que fueron consultados antes de tomar la decisión de que "el horario de verano se cambiará para el sábado 3 de abril".


Pero, dicho Comité de Ministros para el Desarrollo Digital de Chile está compuesto por... bueno, Ministros, los cuales son economistas, abogados, ingenieros, pero sin un solo especialista en computación y/o informática. Claro, el Secretario Ejecutivo del mentado Comité, Ernesto Evans, sí sabe una enormidad de estos temas. Lo mismo que los asesores del Consejo Consultivo de la Estrategia Digital.

Pero estoy dispuesto a apostar una cena en mi casa que no se les preguntó a ninguno de los técnicos que saben como funciona la infraestructura tecnológica del mundo, y de Chile, sobre este tema antes de tomar la decisión y comunicarla oficialmente al país.

El daño ya está hecho. Ahora sólo nos queda soportar los efectos de un cambio no planificado... Y hacer lo posible para que tengamos como país un CIO para Chile en el futuro.

 

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